Este escrito esta basado en una pequeña parte del libro "Pandora" de Anne Rice, si no lo han leído no van a entenderle como se debe, aun asi les recomiendo ampliamente el libro y en realidad todos los libros de esta fabulosa escritora.
Hace mucho tiempo me sumí en un eterno sueño, dejando
atrás el maravilloso mundo del cual era soberana y aquella locura que comenzaba
a invadir mi poderosa mente gracias al pasar de los siglos que cambiaban el
mundo poco a poco. Había vivido por milenios y cuando eso pasa uno tiene que
refugiarse en un descanso momentáneo para evitar enloquecer. Confié mi
existencia y la de Enkil en un sacerdote que habíamos convertido antes de
sumirnos en ese necesario descanso. Cuando la locura lo alcanzo nos expuso al
poderoso sol de Egipto, pero gracias a nuestro abrazador poder, los rayos solo
tostaron nuestra blanquecina piel. Guie a un neófito vampiro hacia nosotros
pues lo habían mandado a rescatarnos, nos salvo de aquel tormento y acabo con el
traidor. Se había vuelto en nuestro nuevo guardián. Su nombre, Marius el
romano.
Aquel neófito cuido de nosotros, nos custodio como
nunca nadie lo había hecho, le permití beber de mi poderosa sangre para que fuera
más fuerte que nadie y pudiera protegernos, pero al hacerlo su vida me fue revelada
en el torrente de sangre que le brinde y parte de la mía también. Con asombro descubrí
que en su vida mortal se enamoro de una pequeña niña, esta era interesante y
aunque le cautivo solo tuvo unos cuantos encuentros para mirarle, para
conversar con ella. Cuando le dieron el don oscuro y después de rescatarnos,
volvió a encontrarse con ella, pero ya no era la pequeña niña de antes, ahora
era una hermosa mujer, imponente, fuerte y decidida. Estaba enamorado de ella. Yo podía
verle a través de sus ojos, podía mirar su imagen en su mente cuando le permitía
morder mi cuello y beber mi sangre. También me había cautivado.
Marius era un buen guardián, acudía a mí para
cantarme, rezarme, contarme de su amor, con la esperanza de que yo despertara
de mi letargo y me moviera libremente como él, pero las heridas internas por la
exposición al sol me habían llevado a un grado de debilidad del que no podía
salir tan fácilmente. La soledad comenzó a cautivar a Marius conforme pasaban
los años, amaba a aquella mujer, quería tenerla a su lado pero no quería darle
el don oscuro y condenarla a una existencia interminable. Pude leer su mente y
con horror descubrí que planeaba hacer lo mismo que el sacerdote, exponernos al
sol y fundirse con nosotros hasta perecer. No podía permitirlo, debía hacer
algo, detenerlo inmediatamente. La solución era clara.
Con mi asombroso poder mental atraje a aquella mujer
a Marius, me cole entre sus sueños y la seduje, la seduje con mi encanto, con mi
sonrisa astuta que le causaba terror, con una de mis tantas identidades que
tengo. Ella me llamaba por mi antiguo nombre, Isis. Aquella mujer era mi
salvación. La seduje todo el camino hasta conducirla al lugar donde estábamos y
la arroje a los fuertes y protectores brazos de Marius. Jugué mis cartas y todo
salió como esperaba, Marius se había resistido a darle el don oscuro pero tras
el ataque de un bellaco a su amada, acepto. Ahora, aquella hermosa criatura era
una más de la especie. Me tenia cautivada, era la inmortal mas asombrosa que había visto. En aquella
cámara donde nos ocultaba Marius, inmóvil en mi trono y sin palabras, con el infinito poder mental
que poseo la atraje hasta mí, le permití lamer y morder mi cuello. Era
inexperta, había sido creada apenas unos instantes atrás, Marius estaba
temeroso de que pudiera aplastarla con mis poderosos brazos, pero solo quería
sentir sus labios en mi cuello, su tierno beso al no animarse a morder. Cuando
sus pequeños colmillos lograron penetrar mi piel, sabía que mi relación con
ella iría más allá que cualquiera. Succionaba tan veloz, tan fervientemente que
me enloqueció y no pude reprimir mis ansias por mostrarle imágenes, un campo,
flores, el sonido de mi voz al decirle “Eres
mía”, le mostré lo que ella deseaba ver y se formo un vinculo, algo que
nadie podía romper y que no dejaría que nadie rompiera.
Los años pasaron y ellos se profesaban un inmenso
amor, durante algunos siglos ella permaneció al lado de Marius, bajando a la
cripta a rezarme, a fortalecer el vínculo que teníamos. Yo la dejaba peinarme,
vestirme, ponerme mis preciadas joyas y beber de mi sangre. Pero ella era
aventurera, era un alma alegre e intrépida. Poco a poco las diferencias con Marius
comenzaron a alejarla, ella quería renovar mi imperio, que el mundo supiera de
su amada Isis pero Marius se negó siempre. A veces tenían peleas y discusiones
tan fuertes que ella decidía marcharse de casa por algunas noches y regresar
con un amor mucho más profundo por Marius. Una noche cuando ella salió de casa Marius
se marcho junto con nosotros. Los siglos pasaron y aquella intrépida mujer me
había sido arrebatada, sabia de ella, podía verle vagar por el mundo a través
de la mente de cada vampiro que lograba verla, esa imagen se posaba
directamente en mi cabeza. Era hermosa, siempre lo fue y tras el abandono de
Marius se había vuelto más fuerte.
La seguí por todo el mundo, su forma de cazar, de
matar, de vivir, de seducir, me cautivaba cada vez más. La conocían como “La
dama griega de la muerte”, era una
leyenda, una criatura de la noche de lo más fascinante y Marius se había
atrevido a dejarla atrás. Era un tonto. Es un tonto.
Hoy despierto gracias a la hermosa música de Lestat,
mi poder se ha incrementado y he matado al inmóvil rey Enkil. No es necesario
que el este, no era preciso que el despertara y tampoco es imprescindible para
mi plan. Solo quiero verla, cautivarme una vez más. ¡Oh mi pequeña Lydia! Mi
hermosa y poderosa Pandora, ven a mí. Hagamos realidad ese mundo con el que una
vez soñaste. Traigamos de vuelta mi imperio, el imperio de Isis, de Akasha.
Tenemos pendiente un encuentro, una vida juntas y quiero que permanezcas a mi
lado por siempre…
Bathory Ø.

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