La ciudad se ve diferente desde las alturas, el
bullicio del tráfico, las luces de la ciudad y el ruido de la gente no golpean
fuertemente mis sentidos. Veo todo desde lo alto de un edificio, como lo vengo
haciendo desde hace mucho, con la luna como guardián, tratando de que el vacío
que siento sea menos. Vigilando y protegiendo esa ciudad que nada sabe de mí,
pensando en todas las vidas inocentes que he salvado pero sin ninguna recompensa
y cada día los recuerdos me invaden más. Cada día las imágenes y la
desesperación de aquellos mortales a los que les arrebato la vida me invaden la
mente y el vacío en mi alma se incrementa.
Hoy el cielo está despejado, las estrellas y la luna
se ven tan claras y brillantes. Es una lástima que a mí eso no me importe ni un
poco. Busco a la distancia una presa fácil, en aquel parque donde los villanos
se sienten protegidos y a salvo. Observo y no pasa mucho tiempo para que mi
espera sea recompensada con aquel mortal. Camina despreocupado, con precaución
y sigilo. Desplegó mis alas para lanzarme al ataque pero me detengo al instante
al notar la presencia de alguien más “¡Demonios!”
pienso y me quedo esperando a que el sujeto se encuentre de nuevo solo. Me
quedo mirando a la distancia y la sorpresa me invade cuando descubro que es una
mujer quien impidió mi ataque. Se acerca a él, seduciéndole con gracia y el cae
rendido a sus pies. Comienza a besar su cuello incitándolo a un juego que sin
duda a ella le gusta jugar y no es hasta que ella lame su yugular que descubro que algo no marcha bien. Me doy
cuenta tan tarde que ella está cubierta por un manto espectral. No hay ni una
pizca de bondad en su corazón, si es que lo tiene.
En cuestión de segundos ella clava sus colmillos
sobre el cuello del villano y la sangre emana a borbotones. En ese instante me
desoriento y siento envidia. Le envidio a el por qué ella está probando su
sangre, succiona su cuello y este le revela su vida, todos y cada uno de los
detalles. Cierro los ojos y una imagen se posa en mi mente, es donde estoy en
el lugar de aquel desdichado y ella succiona mi propia sangre, siento como toda
mi vida sucumbe ante su poder y como baila al compás de mi corazón. Ella se
aleja en el momento justo lamiendo las heridas de mi cuello y mis ojos se posan
en sus labios, que se ven tan rojos y suculentos, quiero probarlos y perderme
en ellos. Me encuentro en una especie de hechizo del cual no puedo ni quiero
salir. Entonces muerde su lengua y la sangre se le resbala por la comisura de
los labios. Estoy tan sediento y ruego porque me dé un poco, de la manera que
sea, la que más le apetezca. Se acerca con sigilo, mirándome a los ojos. Sus
ojos son plateados y brillan tanto o un poco más que la misma luna. Mis labios
encuentran los suyos y puedo beber su sangre. El torrente me marea y las
imágenes de su vida se abren paso entre mi mente. Succiono su lengua y
profundizo el beso, no quiero que acabe nunca, quiero retenerla junto a mí y
siento que nos fusionamos con aquella batalla que sostienen nuestras lenguas.
Cuando abro los ojos ella ya no está en aquel lugar, el cadáver del pobre
incauto quedo postrado en el pavimento y yo tengo un leve mareo por el
acumulamiento de todas aquellas sensaciones. Desorientado trato de fijar mi
vista y regresar a mi realidad, aun debo buscarla, algo me incita a saber de su
paradero.
-¿No
te enseñaron que espiar es de mala educación?-Dice
una voz tras de mí. Volteo y la miro ahí, frente a mí ¿Cómo fue que llego hasta
donde yo estaba sin darme cuenta? –No me
gusta que me vean cuando me alimento.-Dice y en sus ojos puedo ver un poco
de furia.
-¿Quién
eres tú?-Digo a la defensiva.-Yo soy…-
-Sé
quién eres y lo que eres.-Dice sonriendo y acercándose un
poco a mi.-Eres Azrael, el ángel de la
muerte ¿cierto?-
-Si,
pero aun no me respondes ¿Quién eres tú? Por lo que pude ver…-
-¿Lo
que pudiste ver? No me hagas reír-Dice sonriendo después
de reírse un poco. -Dirás, lo que te permití
ver ¿No creerás que tienes ese poder para penetrar en mi mente o sí? Te permití
ver lo que yo quería que vieras, una ilusión o predicción, llámala como quieras
pequeño ángel de la muerte.- Dice en un tono un poco meloso que llego a
incomodarme.
-Bien
¿Me dirás quien eres y lo que quieres o tendré que sacarte la información a la
fuerza?-Digo molesto.
-¡Tranquilízate!
Vengo a hacerte una oferta. Soy caprichosa y no me cuesta nada reconocerlo.-Lo
dijo de forma seria.-Y te quiero a ti. Sé
que matas en nombre de Dios, aquel que te desterró y condeno a no volver al
cielo, pero soy celosa al saber que uno de mis subordinados mata en nombre de
otra persona que no sea el mío. Mata en mi nombre. Hazlo y nada sera igual, quédate
conmigo y te enseñare el verdadero significado de eternidad, te mostrare el
mundo de la forma en la que jamás lo veras si te quedas con él. Ya no tendrás
ese vacío que tan angustiado te tiene.- Dijo convencida y desde el momento
en que la vi me convenció, desee estar a su lado y protegerla bajo el manto de
mis oscuras alas, estaba maravillado ante aquella inmortal.-Derrama sangre por mi y te enseñare a trascender. Porque yo soy la
reina de los condenados.- Lo dijo mirándome fijamente a los ojos, sus ojos
eran dos luceros que en mi mente solo pude ver como mi salvación, aquel gris
que le dominaba me incitaba a seguirle por siempre, a traicionar todo en lo que
creía y volar a su lado para nunca alejarme de él.
-¡Mi reina!- Dije
y me arrodille ante ella. Ella sonrió con malicia, pues logro arrancarme de
aquel Dios que creí era mi Dios, por que consiguió todo aquello que esperaba
obtener, aquel ángel condenado ahora estaba bajo sus órdenes y le seria fiel.
Acataría cualquier orden que me diera y mataría por que posara sus labios sobre
mí como en aquella ilusión.
-Llámame
Akasha.- Dijo y se acerco al borde del edificio. –Prepárate Azrael por que hoy…tu existencia
cambiara.- Y nos perdimos en la oscuridad.
Bathory Ø.