martes, 4 de septiembre de 2012

Ángel de la muerte


En medio de la oscuridad cuando mis ojos por fin se adaptaron a aquel escenario sin luz, pude verle, enfrente de mi con sus alas negras desplegadas y extendidas de punta a punta, como enorgulleciéndose de estas y con el propósito  de sorprenderme. Como si yo jamás hubiera cambiado ese singular rastro de mi ser.

Y en aquel asombro en el que me sumergí le vi con claridad, con una claridad que no había pero que era posible gracias a mi corazón, a mi alma. Quería decirle una y mil palabras, sentimientos que como una cascada invadían a mi pobre corazón obligándolo a sentir un dolor intenso por el acumulamiento fatal de todos ellos. Mi boca se abría repetidas veces, pero mi voz y las palabras se negaban a salir, por más que lo intentara no podía poner orden y control a aquellas que se habían rebelado en un momento tan crucial. Por fin hice acopio de toda mi fuerza y tras postrarme de rodillas solté la única palabra que logro salir de entre mi alma, negándose ante la incredulidad de mis ojos.

-Tú-Dije y de inmediato las lagrimas se asomaron a mis ojos.

Le vi asentir como quien calma a un niño y me sentí feliz. Quería llorar pero reprimí ese deseo, pues mi orgullo aun hacia mella en mi y no quería que me viera de ese modo tan infantil. Alce la vista y pude ver su rostro, era hermoso, me perdí en el sin sorprenderme de aquellas lagrimas de sangre que corrían por sus mejillas.

Me sentía feliz y ¿Cómo no sentirme así? Si había venido por mí, solo  por mí, por mi deseo, mi petición. Pero al instante sentí miedo, como jamás lo había sentido. Me alegro descubrir y ver que sus alas eran negras pues eso me garantizaba que no solo había venido a ver como estaba, sino que había venido por mí, pero  ¿Solo a eso? No aguantaba más, tenía que hacerlo, que decirle. Le mire a los ojos, aquellos en los cuales encontré tranquilidad y paz.

-Prométeme algo…-Dije y pude ver que sus ojos me decían “Tranquila, no dolerá. Lo prometo.”-No quiero que me prometas no me dolerá…-Dije después de leerlo en sus ojos. Sabía que dolería y lo ansiaba pues lo merecía-Quiero me prometas que me quedare contigo, pase lo que pase y sea el lugar que sea, estaré contigo siempre-Dije con decisión y aguardando por su respuesta.

Sonrió como cuando descubres que la otra persona dijo exactamente lo que tú pensabas. Se puso a mi altura y me estrecho en sus brazos, aquellos brazos cálidos que aun recordaba. Estuvimos poco más de un minuto así y después me separo de ellos, le vi con una cara expectante pues me hablaría y por fin oiría su voz, su melodiosa voz.

-Te lo prometo mi pequeña y dulce niña. Es hora de partir. Toma mi mano y no la sueltes nunca-Dijo al momento de extenderla.

Tome su mano y era cálida. Llore en silencio pues no quería romper aquel lindo momento y partimos, para nunca volver… Efectivamente fue mi ángel de la muerte. 
   
Bathory Ø.