La vi en aquel viejo café. Al cual acudía con frecuencia
pues era un lugar hermoso, la mayoría de las personas que se encontraban ahí
eran tranquilas y en el ambiente se respiraba la paz y el silencio, solo
algunas personas acudían con sus amistades a conversar y pasarse un buen rato
pero siempre en un tono de voz prudente pues había personas que iban a meditar
o simplemente a leer un buen libro. Yo me encontraba trabajando en un proyecto
de la facultad, en mi mesa se podían observar demasiadas hojas esparcidas por
todos lados y una taza de café casi por acabarse. Había estado trabajando desde
muy temprano, me recargue en el respaldo de la silla para relajarme, no hacía
nada en especial solo mirar el local, cada rincón y cada persona que se
encontraba en el.
La puerta se abrió y la vi entrar, era la chica más
hermosa que mis ojos hayan visto, camino hasta la mesa que estaba enfrente de mí,
se sentó y pidió un café. No tardo en llegar el mesero con su orden, ella
agradeció con una mueca que trato de hacer pasar por una sonrisa. Pero era
innegable que estaba triste, se veía en su semblante, en su cara y en sus ojos.
Cuando el chico se hubo marchado, comenzó a llorar. Un llanto en silencio que
no rompía la armonía de aquel lugar. Se me partió el corazón de solo verla así.
Después de un rato su llanto se volvió sollozo y se quedo mirando hacia la
nada, tal vez meditaba, tal vez solo ya
no tenía más lágrimas para derramar. Fijo la vista en el café que había pedido
tiempo atrás y lo contemplo durante unos minutos, se limpio los restos de las
lagrimas, pago aquel café intacto y se
marcho.
Era un comportamiento extraño, pero ¿Quién era yo
para juzgarla? No era nadie, solo un perfecto extraño. Después de ese día acudía
sin falta al café y repetía la misma acción. Entraba y se sentaba en aquella
mesa que había bautizado con su llanto, todos en el local sabían que esa era su
mesa y nadie se sentaba en ella, el mesero se sabía su orden de memoria y ya no
tenía que molestarla, tan solo se acercaba sigilosamente, dejaba el café en su
mesa y se retiraba, pues no quería molestarla. Cuando ella cubría la cuota
diaria de lágrimas derramadas, meditaba mirando su café y se marchaba. Así lo hacía
a diario y yo solo la miraba. A veces quería hablarle, preguntarle el motivo de
su llanto, consolarla y verla sonreír. Soñaba con eso cada noche, poder ver su
sonrisa, imaginaba que era hermosa pero ansiaba verla con mis propios ojos. Quería
verla reír, feliz, contenta; no con ese semblante triste que siempre cargaba.
Un día llegue temprano al café, estaba decidido a
hablar con ella, a preguntarle por que lloraba, a escuchar su voz y perderme en
esa melodía. Llego como siempre y repitió la misma acción que venía haciendo
desde hace tiempo, yo esperaba paciente a que terminara de llorar y
desahogarse, hasta que se le terminaran las lágrimas y estas se negaran a salir
de sus ojos. El momento llego y fui hasta su mesa y por unos minutos me quede
contemplándola en silencio, ella no se había percatado de mi presencia y cuando
creí era el momento indicado le hable tiernamente y casi en un susurro.
-¿Por qué llora un ángel?- Dije con una sonrisa y vi
su expresión de confusión, la cual me cautivo.
-¿Disculpa?- Dijo confundida.
-¡Lo siento! Es solo que jamás había visto llorar a
un ángel y me he estado preguntando desde hace ya bastante tiempo cual será la
razón, pero aun no la descubro- Dije con una sonrisa.-Le diré un secreto, los ángeles
como usted mi bella dama solo deben llorar de felicidad, quien la ha hecho
llorar ahora no se merece sus lagrimas. Permitame ser su paño de lagrimas,
tenderle mi mano y hacerla sonreír- Dije
dándole una rosa. Ella sonrió extrañada pero eso fue suficiente para mi, ver su
sonrisa fue lo mejor.- ¡Exacto! Justo así- Dije feliz.
Desde ese día conversaba con ella a diario y siempre
le daba una rosa, quería mimarla y hacerla feliz. Me di cuenta que la amaba
pero soy un caballero y no quiero presionarla. Con el tiempo me dijo la razón
de su llanto, era a causa de su antigua pareja, un joven al que ella amaba y
que no la hacía feliz, lloraba por que la ilusión y las promesas que este le
hizo no las cumplía, porque aquel que juro protegerla y cuidarla solo la
lastimaba con sus acciones y la única forma de desahogarse era llorando a
diario como lo había venido haciendo desde hace mucho.
Pero hoy todo cambiara, estoy sentado en aquella
vieja mesa de nuestro café, si, ahora es nuestro porque aquí la conocí, espero
por ella con un enorme ramo de flores, estoy decidido a confesarle mi amor, a
decirle que la haré feliz que luchare por eso y jamás llorara de nuevo, jamás
lo hará por tristeza, serán lagrimas de felicidad. Pensaba en la mejor manera
para decirle que la amaba cuando siento que alguien me cubre los ojos con las
manos, sé que es ella, su aroma la delata, la suavidad de sus manos las conozco
de memoria y así en mi estado de encantamiento hablo en voz alta sin darme
cuenta.
-Mi hermoso ángel- Digo en un descuido.
Ella aparta las manos de mis ojos y se pone de
frente hacia mí, me ve con una cara de sorpresa, como jamás la había visto.
-¿Cómo has dicho?-Dice sorprendida. Yo en cambio me
encuentro sonrojado por mi descuido, no era así como quería decirle que la
amaba.
-Dije “Mi hermoso ángel” pero no fue…-No me dejo
terminar pues puso su dedo índice en mis labios. Se quedo un momento viéndome a
los ojos y sonrió.
-Eso era todo lo que quería escuchar.- Dijo
divertida.-Te amo- Dijo de la forma más tierna y me beso.
Jamás creí que las cosas se dieran así. Una nueva
historia se escribe hoy, la cual
escribiré con plumas de seda y con tinta indeleble para que nunca olvide que yo
la haré feliz.
Bathory Ø.
Nota: Este escrito tiene una dedicatoria muy especial, para una amiga Argentina que me dio la idea para la historia. Te quiero Cami!