sábado, 8 de diciembre de 2012

Un día frío


El día amaneció frío, de ese frío que te cala los huesos, aquel que es preferible quedarse en casa, en el calor de la cama y bajo la protección de las suaves sabanas que serán cómplices de aquella travesura. Mandar a volar los compromisos, las citas y los trabajos por pasar una tarde fría en cama, viendo televisión todo el día o durmiendo.

Pero después de planear mi dulce fantasía volví a la realidad. Me recosté de nuevo, por tan solo unos minutos y comencé a pensar en las cosas que me harían realmente no desear mi dulce travesura y fantasía. Y te recordé a ti, tenía que encontrarme contigo, pero lejos de que este hecho hiciera que me levantara de la cama solo hizo que lo meditara un poco mas y recordara que si el día anterior hubieras aceptado mi invitación de quedarte conmigo no estaría en esta situación sino que a estas alturas ya hubiera puesto en marcha mi travesura contigo “¡Diablos!” dije en voz alta.

Pensé en que amanecería en tu abrazo cálido y nos quedaríamos todo el día en cama. La idea me agrado bastante, pero así como la sonrisa apareció en mi rostro, desapareció en un instante. No podía llamarte y pedirte que vinieras pues ya habíamos quedado que era yo quien te buscaría. Entonces pensé en otra razón más potente que me hiciera abandonar el reconfortante calor de mi lecho.

Pensé en tu suave y sutil tacto que me brindabas cada que llegaba a nuestros encuentros. El brillo en tus ojos que me hechizaba y que solo se contemplaba cuando me tenías en tu campo de visión. La curvatura que se formaba en tus hermosos labios al decirme “Te amo” que me elevaba, que me hacia desvariar y que volvía a mi corazón loco pues tu melodiosa voz lo embelesaba y lo hacía latir más de lo normal. Y por ultimo recordé tu beso. Aquel beso que me dabas siempre, aquel que era abrumador, que me dejaba soñando por horas, que era cálido y que me embriagaba por completo de amor, cariño y adoración. Ese beso que solo tú sabes dar y que solo a mi me das. De pronto abrí los ojos en un movimiento rápido “¡Demonios! Se me hará más tarde” dije y me apresure a arreglarme para salir a tu encuentro. Llegue a tu casa lo más rápido que pude.

-De nuevo tarde ¿Eh?- Dijiste al tenerme enfrente-Ven acá- Y me atrajiste hasta tus labios. Me besabas con pasión y el calor me invadió por completo. Respondí aquel beso con la misma intensidad que tu lo hacías.

-¿Lo siento?- Dije después de terminar el beso y con una sonrisa.

-Empiezo a creer que llegas tarde solo porque sabes que te besare así- Dijiste y me miraste con un semblante entre serio y divertido.

-Am… ¡Claro que no!- Dije y pensé si algún día haríamos mi travesura de quedarnos todo el día en cama o era mejor que me besaras de esa forma a diario- Mañana no llegare tarde- Dije y sonreí.

-Te amo- Me dijiste y sonreíste también pues sabias que no lo haría. Sabias que desde aquella vez que me besaste de esa forma por llegar tarde no había vuelto a llegar a tiempo a ninguno de nuestros encuentros…

Bathory Ø.

sábado, 24 de noviembre de 2012

Noche para disfrutar


¡Cuanta tranquilidad y paz se respira en el aire en estas fechas! En noches como estas se apetece recostarse en el césped, para sentir aquel frío inundar todo el cuerpo y sentirse por un solo instante vivo. Meditar bajo el hermoso manto de estrellas sin perder la cabeza ni un solo instante. Disfrutar de aquella apacible tranquilidad hasta que mis sentidos detecten a alguna tierna y deliciosa presa. Mis sentidos se alertaran y esa será la señal de que el juego acaba de empezar.

Me acercare lentamente hacia mi suculento manjar y no podrá escapar, una vez que este en mis garras ya nada le podrá salvar. Me deleitare con el miedo reflejado en sus ojos y el brillo de la luna intensificando mi persona. Y aunque trate de controlarme y disfrutar de mi juego diabólico no podre, por que el palpitar de la sangre en su yugular me invitara a perder el control y yo, cederé ante su poder atrayente y fugaz. Clavare mis colmillos en su delicado cuello y al contacto de su sangre en mi lengua un sinfín de imágenes de su vida me serán revelados. Puedo verle en su infancia, la arrogancia de su adolescencia y su maldad en su edad adulta. El tiempo se detiene y mientras más sangre consumo mas fuerte me vuelvo.

Mi juego está a punto de concluir, pero siendo como soy, un ser perverso y lleno de rencor, no dejare que mi victima muera sin sufrir, sin mirar en sus ojos la misericordia y compasión que jamás obtendrá de mí. Sin sentir sus lágrimas en mi mejilla y escucharle exclamar un “Por favor” que de nada le servirá. Ni sus oraciones, rezos y cánticos dirigidos a su Dios le podrán ayudar, soy inmune ante cualquier poder basado en las creencias y religiones. Su debilidad comienza a menguar, sus brazos ya no tienen la misma fuerza con la que me sostuvieron al principio y esa es mi señal de que debo continuar. Me alejo de su cuello pues es hora de que sepa la verdad. Me muerdo la lengua ante su incredulidad, mi sangre se combina con la suya en mi boca y el éxtasis hace que por un momento me pierda en su sabor. Recupero la cordura y me acerco a sus labios lentamente con mi sangre manando de mi reciente herida en la lengua y le beso con pasión, con una que jamás experimentara de nuevo y le permito ver una pequeña parte de mi vida milenaria, le abro los ojos ante un mundo del cual jamás formara parte. Le siento succionar y aferrarse a mi lengua cuando trato de retirarme y rio para mis adentros pues por un instante aquella estúpida criatura cree que será salvada de su cruel destino pero no es así, me retiro y en sus ojos el asombro y el temor se perciben con claridad ¡Oh si! Acaba de darse cuenta de mi identidad y de su terrible final. Se resigna pues es lo único que le queda y yo con la excitación de la sangre corriendo por mi cuerpo vuelvo a su atrayente yugular. Sé que siente mi aliento en su cuello una vez más y su piel se eriza invitándome a continuar. Desgarrando su alma y oprimiendo su corazón con cada sorbo. Bailando al ritmo de sus palpitaciones que cada vez se hacen más lentas y pesadas. Y antes del último latido de su corazón le dejo en libertad pues mi victima cumplió con su cometido y en nuestra especie es peligroso quedarse hasta el último latido del corazón así como también alimentarse de los inocentes.

Una vez que mi sed y mi hambre hayan sido saciadas adecuadamente, me llenare de asombro al contemplar que no quebrante ninguna regla o norma de mi especie porque ¿Quién soy yo para quebrantar aquellas reglas que por milenios han existido entre nosotros? ¡Oh, ya lo recuerdo! Yo…yo soy Akasha, la reina de los condenados.

Bathory Ø.

martes, 30 de octubre de 2012

Mírame


Me asuste. Al verte ahí inconsciente, con la cara y la ropa manchadas de sangre, creí que todo había acabado, que había llegado demasiado tarde como para poder hacer algo por ti. Tuve el impulso de  derrumbarme y llorar hasta que las lágrimas se rehusaran a salir. Pero cuando estaba a punto de hacerlo, cuando sentía que mi corazón se desmoronaba poco a poco la voz de aquel incauto, de aquel bastardo me trajo de nuevo a la realidad y sus odiosas palabras  “Era tan lindo como repetía tu nombre aun cuando lloraba tanto. No te preocupes yo le cuidare y daré amor”, me hicieron perder el control como jamás creí que pudiera hacerlo. El fuego corría por mi sangre haciéndola hervir y se reflejaba en mis poderosos ojos plateados. Acababa de firmar su sentencia de muerte. El primero de muchos, de todos.

Ahora te sostengo entre mis brazos rezando para que vuelvas a mí. Deseando que al despertar no recuerdes el horrible tormento del cual fuiste victima ¿Qué más puedo hacer yo? Aun no soy lo bastantemente fuerte como para quitar el dolor de tu hermoso corazón. Y mientras contemplo tus finos y hermosos rasgos mis lágrimas comienzan a salir sin yo poder controlarlas o reprimirlas ¿Cómo era que no me había dado cuenta antes? Tú eres lo más importante para mí y me asusta demasiado siquiera pensar que pueda perderte, aquí y ahora.

La noche comenzó a consumir todo el valle, toda la aldea y yo sentía un temor horrible porque me sentía exactamente así, en una temible oscuridad. Si tú no volvías a mí, si tú no regresabas nada de lo que había hecho valdría la pena. Caí de rodillas contigo en mis brazos y pensé que todo había acabado.

Las estrellas comenzaron a salir, rompiendo un poco aquella oscuridad con su luz y mis suplicas por fin fueron escuchadas. Tus ojos, tus hermosos y expresivos ojos se abrieron poco a poco. Me sentí feliz, la alegría me invadió cuando pude comprobar que te encontrabas con vida, que no había llegado tan tarde como para perderte. Las lágrimas no dejaban de salir pero esta vez de felicidad. Me miraste y tus ojos se iluminaron que casi puedo jurar que vi las estrellas reflejadas en ellos. Ni por un momento despegaste la vista de mi y te lo agradecí en silencio. Mírame a mí, solo mírame a mí. Enfoca tu vista en mi rostro abatido pero sonriente y feliz por ti. Mira mis ojos y descubre en ellos el profundo amor que siento por ti. Mira las estrellas y contempla su hermosura. Fíjate en mi y no descubras el caos a tu alrededor. No mires los cuerpos ensangrentados y ya sin vida de los hombres que te hicieron daño y que ahora yacen muertos en un círculo a nuestro alrededor. No mires el mar de sangre que se formo junto a ti. No mires mis manos, mi espada y mi ropa que se encuentran ensangrentadas porque te creí fuera de mi alcance. Mírame a mí y olvida, solo olvida y vuelve a mí…

Bathory Ø

martes, 2 de octubre de 2012

Mi ángel


La vi en aquel viejo café. Al cual acudía con frecuencia pues era un lugar hermoso, la mayoría de las personas que se encontraban ahí eran tranquilas y en el ambiente se respiraba la paz y el silencio, solo algunas personas acudían con sus amistades a conversar y pasarse un buen rato pero siempre en un tono de voz prudente pues había personas que iban a meditar o simplemente a leer un buen libro. Yo me encontraba trabajando en un proyecto de la facultad, en mi mesa se podían observar demasiadas hojas esparcidas por todos lados y una taza de café casi por acabarse. Había estado trabajando desde muy temprano, me recargue en el respaldo de la silla para relajarme, no hacía nada en especial solo mirar el local, cada rincón y cada persona que se encontraba en el.

La puerta se abrió y la vi entrar, era la chica más hermosa que mis ojos hayan visto, camino hasta la mesa que estaba enfrente de mí, se sentó y pidió un café. No tardo en llegar el mesero con su orden, ella agradeció con una mueca que trato de hacer pasar por una sonrisa. Pero era innegable que estaba triste, se veía en su semblante, en su cara y en sus ojos. Cuando el chico se hubo marchado, comenzó a llorar. Un llanto en silencio que no rompía la armonía de aquel lugar. Se me partió el corazón de solo verla así. Después de un rato su llanto se volvió sollozo y se quedo mirando hacia la nada, tal vez meditaba, tal vez solo  ya no tenía más lágrimas para derramar. Fijo la vista en el café que había pedido tiempo atrás y lo contemplo durante unos minutos, se limpio los restos de las lagrimas, pago aquel café intacto y se  marcho.

Era un comportamiento extraño, pero ¿Quién era yo para juzgarla? No era nadie, solo un perfecto extraño. Después de ese día acudía sin falta al café y repetía la misma acción. Entraba y se sentaba en aquella mesa que había bautizado con su llanto, todos en el local sabían que esa era su mesa y nadie se sentaba en ella, el mesero se sabía su orden de memoria y ya no tenía que molestarla, tan solo se acercaba sigilosamente, dejaba el café en su mesa y se retiraba, pues no quería molestarla. Cuando ella cubría la cuota diaria de lágrimas derramadas, meditaba mirando su café y se marchaba. Así lo hacía a diario y yo solo la miraba. A veces quería hablarle, preguntarle el motivo de su llanto, consolarla y verla sonreír. Soñaba con eso cada noche, poder ver su sonrisa, imaginaba que era hermosa pero ansiaba verla con mis propios ojos. Quería verla reír, feliz, contenta; no con ese semblante triste que siempre cargaba.

Un día llegue temprano al café, estaba decidido a hablar con ella, a preguntarle por que lloraba, a escuchar su voz y perderme en esa melodía. Llego como siempre y repitió la misma acción que venía haciendo desde hace tiempo, yo esperaba paciente a que terminara de llorar y desahogarse, hasta que se le terminaran las lágrimas y estas se negaran a salir de sus ojos. El momento llego y fui hasta su mesa y por unos minutos me quede contemplándola en silencio, ella no se había percatado de mi presencia y cuando creí era el momento indicado le hable tiernamente y casi en un susurro.

-¿Por qué llora un ángel?- Dije con una sonrisa y vi su expresión de confusión, la cual me cautivo.

-¿Disculpa?- Dijo confundida.

-¡Lo siento! Es solo que jamás había visto llorar a un ángel y me he estado preguntando desde hace ya bastante tiempo cual será la razón, pero aun no la descubro- Dije con una sonrisa.-Le diré un secreto, los ángeles como usted mi bella dama solo deben llorar de felicidad, quien la ha hecho llorar ahora no se merece sus lagrimas. Permitame ser su paño de lagrimas, tenderle mi mano  y hacerla sonreír- Dije dándole una rosa. Ella sonrió extrañada pero eso fue suficiente para mi, ver su sonrisa fue lo mejor.- ¡Exacto! Justo así- Dije feliz.

Desde ese día conversaba con ella a diario y siempre le daba una rosa, quería mimarla y hacerla feliz. Me di cuenta que la amaba pero soy un caballero y no quiero presionarla. Con el tiempo me dijo la razón de su llanto, era a causa de su antigua pareja, un joven al que ella amaba y que no la hacía feliz, lloraba por que la ilusión y las promesas que este le hizo no las cumplía, porque aquel que juro protegerla y cuidarla solo la lastimaba con sus acciones y la única forma de desahogarse era llorando a diario como lo había venido haciendo desde hace mucho.

Pero hoy todo cambiara, estoy sentado en aquella vieja mesa de nuestro café, si, ahora es nuestro porque aquí la conocí, espero por ella con un enorme ramo de flores, estoy decidido a confesarle mi amor, a decirle que la haré feliz que luchare por eso y jamás llorara de nuevo, jamás lo hará por tristeza, serán lagrimas de felicidad. Pensaba en la mejor manera para decirle que la amaba cuando siento que alguien me cubre los ojos con las manos, sé que es ella, su aroma la delata, la suavidad de sus manos las conozco de memoria y así en mi estado de encantamiento hablo en voz alta sin darme cuenta.

-Mi hermoso ángel- Digo en un descuido.

Ella aparta las manos de mis ojos y se pone de frente hacia mí, me ve con una cara de sorpresa, como jamás la había visto.

-¿Cómo has dicho?-Dice sorprendida. Yo en cambio me encuentro sonrojado por mi descuido, no era así como quería decirle que la amaba.

-Dije “Mi hermoso ángel” pero no fue…-No me dejo terminar pues puso su dedo índice en mis labios. Se quedo un momento viéndome a los ojos y sonrió.

-Eso era todo lo que quería escuchar.- Dijo divertida.-Te amo- Dijo de la forma más tierna y me beso.

Jamás creí que las cosas se dieran así. Una nueva historia se escribe hoy,  la cual escribiré con plumas de seda y con tinta indeleble para que nunca olvide que yo la  haré feliz.

Bathory Ø.

Nota: Este escrito tiene una dedicatoria muy especial, para una amiga Argentina que me dio la idea para la historia. Te quiero Cami!

martes, 18 de septiembre de 2012

La nota


La luna tiene un brillo especial, tal vez porque pienso en ti. En las estrellas solo puedo encontrar tu figura ahí. Siento que muero con cada segundo que no estás junto a mí y me pregunto si ahora, en este momento tú también piensas en mí. Si al mirar la luna puedes ver mi rostro apacible y lleno de felicidad solo por ti. Tal vez no me pienses, tal vez ni siquiera me sueñes, pero sé que estoy ahí, en algún cálido rincón de tu hermoso corazón ansiando invadir toda tu mente y todo tu tiempo para que lo ocupes pensando en mí.

Hay algo que sé a ciencia cierta y es que la vida sin ti seria un fiasco, una verdadera tortura para mí. Lo supe mucho antes de pensarlo, pero el miedo a pronunciarlo y que se hiciera realidad no me dejo hacértelo saber. Ahora sé que sabes todo lo que siento. Que el murmullo de mi voz llega hasta tus oídos y te relata la maravilla de mis palabras con el fervor que yo lo haría si estuviera junto a ti.

Mi escritorio está lleno de escritos para ti, poemas y cartas inspirados y dedicados solo para ti y que no me atreví a entregar cuando tuve la oportunidad. Ya de nada sirven, tampoco más adelante encontrare el suficiente valor para dártelos. La flor que jamás te di aun se marchita junto a mi ventana, bajo la tibia brisa de una noche fría que nunca terminara.

No quiero regresar a mi realidad, es tormentosa y sin sentido. Aquí en esta dulce fantasía todo se siente bien, yo soy libre de tomar las decisiones que quiero sin importar si son las correctas o no. Quiero ver el brillo de tus ojos, que me invada tu dulce aroma y no tenga más ganas de respirar. Quiero morir y solo volver a la vida entre tus brazos. Quiero ser la razón de tu locura así como tú lo eres de la mía sin ninguna restricción.

Permíteme llegar hasta ti y jamás me dejes ir. Volare hasta tu lado y te pediré con suplicas y lágrimas que me cubras bajo tu cálido manto de amor ¡Que  hermosa se ve la Luna hoy! No puedo imaginar una noche mejor que está para mi misión. Desde hoy comienza mi verdadera prueba de amor…

Nota encontrada en un viejo y lujoso escritorio de mármol cubierto por miles de escritos, tras la muerte de la persona que la escribió con sangre. Una de las personas que encontraron el cuerpo, solo pudo decir “Era solamente alguien que se enamoro. Nunca lo supero.”

Bathory Ø.

martes, 4 de septiembre de 2012

Ángel de la muerte


En medio de la oscuridad cuando mis ojos por fin se adaptaron a aquel escenario sin luz, pude verle, enfrente de mi con sus alas negras desplegadas y extendidas de punta a punta, como enorgulleciéndose de estas y con el propósito  de sorprenderme. Como si yo jamás hubiera cambiado ese singular rastro de mi ser.

Y en aquel asombro en el que me sumergí le vi con claridad, con una claridad que no había pero que era posible gracias a mi corazón, a mi alma. Quería decirle una y mil palabras, sentimientos que como una cascada invadían a mi pobre corazón obligándolo a sentir un dolor intenso por el acumulamiento fatal de todos ellos. Mi boca se abría repetidas veces, pero mi voz y las palabras se negaban a salir, por más que lo intentara no podía poner orden y control a aquellas que se habían rebelado en un momento tan crucial. Por fin hice acopio de toda mi fuerza y tras postrarme de rodillas solté la única palabra que logro salir de entre mi alma, negándose ante la incredulidad de mis ojos.

-Tú-Dije y de inmediato las lagrimas se asomaron a mis ojos.

Le vi asentir como quien calma a un niño y me sentí feliz. Quería llorar pero reprimí ese deseo, pues mi orgullo aun hacia mella en mi y no quería que me viera de ese modo tan infantil. Alce la vista y pude ver su rostro, era hermoso, me perdí en el sin sorprenderme de aquellas lagrimas de sangre que corrían por sus mejillas.

Me sentía feliz y ¿Cómo no sentirme así? Si había venido por mí, solo  por mí, por mi deseo, mi petición. Pero al instante sentí miedo, como jamás lo había sentido. Me alegro descubrir y ver que sus alas eran negras pues eso me garantizaba que no solo había venido a ver como estaba, sino que había venido por mí, pero  ¿Solo a eso? No aguantaba más, tenía que hacerlo, que decirle. Le mire a los ojos, aquellos en los cuales encontré tranquilidad y paz.

-Prométeme algo…-Dije y pude ver que sus ojos me decían “Tranquila, no dolerá. Lo prometo.”-No quiero que me prometas no me dolerá…-Dije después de leerlo en sus ojos. Sabía que dolería y lo ansiaba pues lo merecía-Quiero me prometas que me quedare contigo, pase lo que pase y sea el lugar que sea, estaré contigo siempre-Dije con decisión y aguardando por su respuesta.

Sonrió como cuando descubres que la otra persona dijo exactamente lo que tú pensabas. Se puso a mi altura y me estrecho en sus brazos, aquellos brazos cálidos que aun recordaba. Estuvimos poco más de un minuto así y después me separo de ellos, le vi con una cara expectante pues me hablaría y por fin oiría su voz, su melodiosa voz.

-Te lo prometo mi pequeña y dulce niña. Es hora de partir. Toma mi mano y no la sueltes nunca-Dijo al momento de extenderla.

Tome su mano y era cálida. Llore en silencio pues no quería romper aquel lindo momento y partimos, para nunca volver… Efectivamente fue mi ángel de la muerte. 
   
Bathory Ø.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Feliz cumpleaños


El auto avanzaba con una velocidad moderada. El recorrido era tan aburrido. Cuando es otra persona la que va detrás del volante en vez de uno, los recorridos siempre se harán aburridos, cada persona tiene su propio estilo en ese arte y el mío es bastante veloz, sin embargo ahora estoy detrás del asiento del conductor. Trato de distraer mi mente con el atardecer pero desde mi posición eso parece ser imposible y lamento no ser yo quien se divierte manejando. Suspiro para alejar mis frustraciones, aun debo encontrar ese valioso objeto así que mi vista se desprende del respaldo del asiento del conductor y se enfoca en la ventana, en los establecimientos que pasamos. Les miro con pereza, nada de ellos me atrae y cuando creo haber perdido el tiempo en una salida como esta algo capta mi atención.

-¡Detén el auto!-Grito al conductor y este obedece la orden.

Salgo del auto y corro a ese establecimiento que me llamó tanto la atención y admiro el objeto tan preciado que estoy a punto de adquirir, lo sostengo entre mis brazos y después de pedirle al amable dependiente que grabara en el tu nombre lo puse en un estuche con sumo cuidado para que no se dañara. Salgo feliz de aquel lugar, el aburrimiento se acaba de convertir en emoción y entusiasmo. La oscuridad invade al día, son las ocho de la noche. El tiempo no se detiene nunca y tras mandarte un mensaje que se no responderás inicio mi marcha al lugar prometido.

-¡Hey! ¿A dónde va?-Me dice el conductor en turno.

-¡Lo siento! Olvide por un momento que venía en auto-Comienzo a reír por mi torpeza-Puedes marcharte a casa, iré andando desde aquí-Sonrió y emprendo mi huida.

-¡Espere! Aun falta mucho para llegar al destino-Dice aquel buen hombre con un poco de preocupación en los ojos.

-No te preocupes, no pasara nada. Me hace falta aire fresco y me apetece caminar. Te veo en casa-Dije sin detener mi paso y a modo de despedida.

Camine hasta un parque, en el cual descanse por algunos minutos. Había olvidado por un minuto lo lejos que quedaba aquel lugar. Mire hacia el cielo y se veía hermoso, la oscuridad y la noche siempre me han encantado. Contemple la luna como jamás en la vida lo había hecho. Saque el estuche donde guarde el objeto de mi devoción  y lo admire de nuevo, podría pasar horas haciendo esa acción “Espero te guste” pensé al pasar mis dedos sobre él. Lo guarde y me dispuse a continuar con mi camino, aun me falta mucho por recorrer, calcule que llegaría pasando la medianoche. No importaba, si al final todo salía como planeaba.

 El aire golpeaba mi rostro, el frio se podía sentir, lamente no tenerte cerca pero eso hizo que apresurara mi paso para llegar hasta ti más rápido. Como lo había predicho llegue pasada la medianoche. Toque el timbre y no espere a que abrieras, me fui de inmediato al patio trasero, aun no podía cambiar aquella vieja costumbre que se te saca una sonrisa. Me recargue en aquel viejo árbol que muy bien conocía, esperando por ti. Al verte salir de la casa sonreí y camine hacia ti.

-Llegas tarde-Dijiste en un tono algo molesto.

-O demasiado temprano, según lo veas. Pasa de la una de la madrugada-Dije y sonreí por mi ocurrencia. A lo cual tú reíste también y te acercaste hasta quedar a unos cuantos metros de mí.

-Ya todos se han ido.

-Lo sé. Mucho mejor para mi, no quería opacarlos-Dije en un tono bromista-Además sabes que mis visitas son privadas, odio ver cómo te prestan tantas atenciones.

Reíste por mi ocurrencia y no me quedo más que sonreír. Tu risa me llevaba a un mundo lejos de todos, un lugar sagrado en el que solo yo podía entrar y al cual te invitaba con cada ocurrencia que decía. Un mundo en el cual yo me rendía a tus pies.

-¿Y bien? ¿Me darás mi abrazo o debo rogarte por ello?-Dijiste sacándome de mis cavilaciones y pensamientos.

-Te daré mucho más que un simple abrazo-Dije y tu cara de confusión me cautivo aun mas-Hoy es tu cumpleaños y sé que medio mundo habrá prometido bajarte la luna y las estrellas, darte el mundo entero o cautivarte con mil flores. Lo sé porque yo sería una de aquellas personas. Pase semanas para buscar el regalo perfecto, leí libros de poesía para dedicarte las más bellas y perfectas palabras y que solo fueran estas las que quedaran en tu memoria-Dije tomando tu mano-Pero no lo conseguí. Yo te daría cada una de las estrellas y la luna si quisieras, pero de ser así ¿Quién te cuidaría por las noches mientras yo no estoy a tu lado? Un día te daré todo el universo, lo dispondría solo para ti, pero como los grandes dicen “Todo por partes” así que por el momento, este es el primer regalo de billones que te daré-Dije y te entregue el estuche.

Lo abriste con cuidado y cuando estuvo por completo fuera del estuche tus ojos brillaron, eran dos zafiros llenos de amor y ternura. Tu boca se curvo dando paso a una esplendida sonrisa y de nuevo sentí la necesidad de perderme en aquel mundo al que me transportabas con aquellas muestras de felicidad.

-¡Es hermoso!-Dijiste con evidente emoción.

-Es todo lo que representas para mí. Porque tú me iluminas, eres la estrella más hermosa que podría existir y esto-Dije señalando el collar-Solo puede pertenecerte a ti.

-Te amo-Dijiste y te acercaste a besarme.

-También te amo, amor-Dije después de finalizar aquel beso lleno de entrega y cariño-¡Feliz cumpleaños!-Dije y sonreí.

Te miraba con ternura y tú no podías dejar de contemplar mi obsequio, aquel hermoso collar en forma de sol que no brillaba tanto como tu pero que tenía una simple inscripción “Tú eres mi sol. **** T. A.”

Bathory Ø.